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miércoles, 4 de agosto de 2010

La Sociedad de los Poetas Muertos


Saben, estaba hablando con él y de pronto comenzó a re-enviarme correos viejísimos del 2007 que en algún momento yo le envié y fue ahí cuando copié y pegué esto... yo lo llamaría VIDA, porque así me hizo sentir cuando lo volví a leer...


Quiero compartir con ustedes este poema ... espero se animen y vean la
película ...

> Poema escrito por el personaje de Todd Anderson interpretado por Ethan Hawke
> en la película la Sociedad de los Poetas Muertos.
>
> Y aún así dormimos
>
> Soñamos sobre el mañana y el mañana no aparece
> Soñamos sobre la gloria que realmente no queremos
> Soñamos sobre un nuevo día cuando el nuevo día ya llegó
> Huimos de la batalla cuando debemos lucharla
>
> Y aún así dormimos
>
> Escuchamos el llamado pero nunca le hacemos caso
> Ansiamos el futuro cuando el futuro son sólo planes
> Soñamos sobre la sabiduría que esquivamos a diario
>
> Y aún así dormimos
> Y aún así soñamos
> Y aún así tememos
> Y aún así rezamos

sábado, 20 de febrero de 2010

El Circo


(este cuento no lo escribí yo, los demás si)

Esa porción mejor de la vida de un hombre, sus pequeños actos, anónimos, olvidados, de bondad y de amor. William Wordworth

Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo cola para comprar entradas para el circo. Al final, sólo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho. Eran ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía que no tenían mucho dinero. La ropa que llevaban no era cara, pero estaban limpios. Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la cola, de a dos detrás de los padres, tomados de la mano. Hablaban con exitación de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca habían ido al circo. Prometía ser un hecho saliente en su vida.
El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. La madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: "eres mi caballero de brillante armadura". Él sonreía, henchido de orgullo y mirándola como si respondiera: "tienes razón".
La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuántas entradas quería. Él respondió con orgullo: "por favor, deme ocho entrada para menores y dos de adultos, para poder traer mi familia al circo".
La empleada le indicó el precio.
La mujer soltó la mano de su marido, ladeó la cabeza y el labio del hombre comenzó a torcerse. Éste se acercó un poco más y preguntó: "...cuánto dijo?"
La empleada volvió a mencionar el precio.
Cómo iba a darse la vuelta y decirle a sus ocho hijos que no tenía suficiente dinero para llevarlos al circo?
Viendo lo que pasaba, papá puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de 20 dólares y lo tiró al suelo. (Nosotros no eramos ricos en absoluto!) Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: "disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo".
El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de veinte y con los labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: "Gracias, gracias, señor. Esto significa mucho para mi familia y para mí"
Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo, pero no nos fuimos sin nada.


Dan Clark